Qué es el abono verde
El abono verde, también llamado abonado en verde (en italiano «sovescio»), es una técnica de fertilización natural: se cultivan plantas no para cosecharlas, sino para triturarlas e incorporarlas al suelo cuando todavía están verdes. Al descomponerse, dejan en el suelo materia orgánica y nutrientes y, en el caso de las leguminosas, también el nitrógeno que han fijado del aire.
Se usan sobre todo tres familias de plantas: las leguminosas (haba forrajera, veza, tréboles, altramuz), que enriquecen el suelo en nitrógeno; las gramíneas (cebada, avena, raigrás), que producen mucha biomasa y raíces densas; las crucíferas (mostaza, rábano forrajero, rábano), que crecen rápido y mullen el suelo con sus raíces. A menudo conviene sembrarlas en mezcla.
Cuándo se hace el abono verde
- Abono verde otoñal: es el más común. Se siembra entre septiembre y noviembre y se incorpora en primavera, antes de los cultivos de verano.
- Abono verde de primavera-verano: se siembra entre marzo y junio con especies de ciclo corto y se incorpora a los 2–3 meses, antes de los cultivos de otoño.
El momento adecuado para incorporarlo suele ser elinicio de la floración: la planta ya ha producido casi toda su biomasa y todavía está tierna, por lo que se descompone rápido. Qué sembrar mes a mes, con las dosis, lo encuentras en el calendario del abono verde.
Cómo se hace el abono verde, en resumen
- Elige las especies según lo que necesite tu suelo: nitrógeno, materia orgánica, estructura.
- Siembra sobre suelo bien preparado, con la dosis indicada en la ficha de cada planta.
- Tritura el cultivo al inicio de la floración.
- Incorpóralo superficialmente, en los primeros 10–15 cm, y espera 2–4 semanas antes de sembrar o trasplantar la huerta.
Aquí abajo tienes la guía completa: las funciones del abono verde, las fases de trabajo, el aporte fertilizante y la elección de las especies.
Introducción
Considero el abono verde una práctica muy importante y todavía poco utilizada en horticultura. Uno de los límites a su difusión en este sector es sin duda la necesidad de superficies considerables, porque con 1-2 ha es difícil encontrar espacio, aunque no imposible. Con superficies mayores y planificando bien las rotaciones, esta práctica puede ser comparable, si no superior, al estercolado (no siempre posible) en unidades fertilizantes, pero con costes mucho más bajos. Desde mi punto de vista es interesante desarrollar y utilizar mezclas de abonos verdes para aumentar o estabilizar la fertilidad del suelo, corregir carencias y resolver algunos problemas, como hongos responsables de podredumbres, insectos dañinos del suelo o presencia de nematodos.
Recordemos que si dejamos un terreno sin cultivar durante varios meses, por ejemplo desde que terminamos de cosechar las calabazas a finales de septiembre hasta finales de abril, cuando haremos los nuevos trasplantes, estamos perdiendo la oportunidad de hacer un abono verde regenerador de haba forrajera, avena y mostaza. Es en estas ocasiones cuando debe notarse la diferencia entre un buen horticultor ecológico y uno convencional: no perder ninguna oportunidad de mejorar la fertilidad de nuestros suelos, que nos lo devolverán con cosechas abundantes y sanas sin usar esa química que la mayoría considera indispensable. Aquí tienes una de las mejores guías que podrás encontrar sobre esta práctica, realizada gracias a años de investigación y experimentación de Andrea Locci, que me cedió el material gratuitamente, incluidas las valiosas fichas técnicas al final de cada cultivo.
El abono verde es una práctica agronómica que consiste en sembrar un cultivo herbáceo con especies solas o asociadas, destinado a ser totalmente incorporado o triturado, para fertilizar el cultivo siguiente o la plantación de árboles en la que se ha sembrado. El abono verde consiste en cultivar especies, en su mayoría forrajeras, que cerca de la floración se trituran, se dejan deshidratar unos días y se incorporan en los primeros 25 cm del suelo. Una vez enterrada, la masa es atacada enseguida por macro y microorganismos que la transforman en parte en humus y en parte en nutrientes rápidamente disponibles (en particular NITRÓGENO) para el cultivo siguiente. Cuanta más fibra contiene, mayor será el rendimiento en humus del abono verde.
Un abono verde de leguminosas (solas o en mezcla), gracias a su fijación de nitrógeno, aumenta notablemente el contenido de nitrógeno del suelo; cuando las especies elegidas tienen un sistema radicular muy profundo, enriquecen las capas superficiales con nutrientes tomados de las más profundas. Otro ejemplo son las gramíneas: incorporadas en floración, al ser ricas en fibra, orientan la descomposición más hacia la formación de humus que hacia la liberación de nutrientes de uso inmediato, y podrían causar carencia de nitrógeno en el cultivo siguiente. Lo ideal sería segarlas jóvenes o cultivarlas en mezcla con leguminosas: las primeras aportan el carbono (mucha fibra) y las segundas el nitrógeno (proteínas y fijación de nitrógeno). En cualquier caso, la dinámica de descomposición y liberación de nutrientes tras la incorporación varía según la composición química de los residuos, el clima, la textura y la estructura del suelo.

El abono verde es la práctica que mejora la fertilidad del suelo mediante un cultivo que se siembra para luego incorporarlo una vez alcanzada cierta fase de desarrollo (p. ej. la floración)
¿Qué se le pide a un abono verde?
Crecimiento rápido, buena competencia con las malas hierbas, buena producción de masa verde, rusticidad y buena resistencia a la sequía (los de verano). El abono verde es fácil de aplicar y da grandes resultados por su influencia positiva en las características:
- Químicas: buena dotación de nutrientes y formación, con el tiempo, de sustancias húmicas estables
- Físicas: buena estructura
- Microbiológicas: una comunidad numerosa y diversa de micro y macroorganismos
Es capaz de producir enormes cantidades de nitrógeno a un coste muy bajo comparado con el equivalente comprado en el mercado de insumos.
Funciones del abono verde
El interés por esta práctica no se limita a la función fertilizante, sin duda la más importante, sino que se extiende a los múltiples efectos que la cobertura del suelo, con la elección de las distintas especies, tiene sobre la protección del suelo y del acuífero, la estabilidad de la estructura y el control de malas hierbas y de algunos parásitos. La técnica del abono verde ofrece numerosas ventajas al agricultor, de tipo técnico, agronómico, productivo y económico:
- Acción fertilizante: El abono verde de especies de la familia de las leguminosas enriquece considerablemente el suelo en nitrógeno gracias a los rizobios, bacterias situadas en las raíces capaces de convertir el nitrógeno del aire en una forma química asimilable por la planta. Muchas leguminosas que se usan como abono verde (meliloto, trébol violeta) tienen raíces capaces de explorar a gran profundidad y de movilizar y asimilar compuestos de fósforo poco disponibles para otros cultivos; también hay crucíferas (colza, mostaza, rábano forrajero) que por la misma razón movilizan el potasio: así aumenta la cantidad de estos elementos que el abono verde pone a disposición.
- Protección del suelo: Cuando la cobertura del suelo coincide con los periodos de lluvias más intensas, se limitan los procesos de erosión, sobre todo en terrenos en pendiente. En algunas zonas, a la erosión hídrica se suma la erosión eólica, que afecta también a terrenos llanos. Prevenir la erosión es fundamental, más aún en la agricultura ecológica, que trabaja para acumular materia orgánica en las primeras capas fértiles del suelo.
- Protección del acuífero: Todos los cultivos de cobertura se consideran también cultivos trampa, es decir, capaces de retener nitratos que de otro modo se lixiviarían hacia el acuífero. En el caso del centeno o la cebada se llega a 70 kg de nitrógeno retenido por hectárea; en el raigrás, a 50 kg/ha.
- Contribución a la estabilidad estructural del suelo: La materia orgánica incorporada y la acción de las raíces tienen un papel importante en el mantenimiento de una buena estructura. La gran masa de materia orgánica incorporada y concentrada en los primeros 10-15 cm, aunque con efecto a corto plazo, contribuye de forma sustancial a que el suelo responda bien al paso de los aperos durante la preparación del lecho de siembra, que debe hacerse en poco tiempo. A esto se suma la acción de las raíces, capaces de influir también en la actividad microbiológica. Las raíces de las leguminosas exploran capas más profundas que la capa labrada, mientras que las de las gramíneas no tienen la misma capacidad de penetración y aprovechan las galerías abiertas por aquellas, aunque aportan una enorme masa de raíces finas (las más importantes) a la formación de agregados estructurales. En las mezclas de gramíneas y leguminosas, incorporadas hacia el final de la floración, los residuos de la leguminosa facilitan la mineralización y la humificación de los residuos de la gramínea, ricos en carbono.
- Acción de control de las malas hierbas: Hay varias especies de abono verde que, gracias a su rápido desarrollo, son eficaces para controlar las malas hierbas, con las que compiten por espacio, luz, agua y nutrientes.
- Acción biocida: Algunas plantas son capaces de producir sistemas de defensa mediante moléculas naturales biológicamente activas. Todos los abonos verdes estimulan la proliferación de la microflora del suelo, que por sí misma tiene una acción de prevención y contención frente a la especialización de microorganismos patógenos. Sin embargo, las moléculas con efecto biocida específico se producen por la actividad de las raíces y por los compuestos derivados de la degradación de los tejidos. En particular, se ha observado que los exudados de las brasicáceas resultan repelentes, e incluso letales, para algunos parásitos del suelo como nematodos y hongos.
- Aspecto estético: El abono verde tiene también una importante función estética. En la floración, si se ha sembrado una mezcla de especies, podemos ver los distintos colores de las flores de cada planta, por ejemplo: trébol encarnado de flor roja, brásicas de flor amarilla, facelia de flor azul
- Función de refugio: Las gramíneas y las leguminosas pueden albergar algunas especies de pulgones que sirven de alimento a diversos organismos útiles para el control biológico de los parásitos de otros cultivos. Algunas especies son importantes para varios insectos de interés agrario como refugio otoñal en las horas más frías del día y como lugares de invernada. En cuanto a la entomofauna útil, los coleópteros depredadores de pulgones se sienten atraídos por el haba forrajera y por las asociaciones haba + cebada. En este caso el abono verde se convierte en una infraestructura ecológica temporal.
- Función melífera: algunas especies atraen insectos útiles como las abejas. Por ejemplo, la facelia.

mezcla de 6 especies, entre ellas la facelia
Fases del abono verde
En cada fase del abono verde, desde la elección de las especies hasta la incorporación de la biomasa, hay que reflexionar sobre los objetivos y sobre cómo organizar el trabajo, porque cada fase es importante para lograr un resultado satisfactorio. Elección del cultivo más adecuado. La elección de las especies es decisiva, tanto por la producción de biomasa, objetivo principal del abono verde, como por objetivos específicos como los descritos antes. En general hay que buscar especies capaces de colonizar rápidamente el suelo y producir el máximo de biomasa en el tiempo disponible. Normalmente la pradera mixta es la solución técnica más correcta y la que mejor responde a las múltiples acciones que se esperan de esta técnica. Con la pradera mixta se reparte el riesgo, se equilibran los tiempos de liberación de los nutrientes (más rápida en las leguminosas y más lenta, en orden progresivo, en crucíferas y gramíneas) y hay diversificación y competencia. Hay que tener en cuenta además la importante contribución de las raíces: por la cantidad de biomasa humificable, por la cantidad y profundidad de suelo explorado, por su interacción con los microorganismos del suelo y por su capacidad de movilizar los elementos del suelo, características propias de cada planta. En estas valoraciones, objetivamente válidas, se basan las enseñanzas de Alex Podolinsky, fundador de la asociación biodinámica australiana, que propone mezclas para abono verde compuestas por un número altísimo de especies diferentes. Compartiendo el planteamiento teórico y considerando la pradera mixta la opción más completa, hay que decir que en campo abierto no es fácil sembrar bien, es decir, de forma homogénea, más de dos o tres especies sin multiplicar el número de pasadas. Pensemos por ejemplo en una asociación clásica de cebada y haba forrajera o de guisante y trébol, cuyas semillas tienen pesos y tamaños completamente distintos, tanto que no pueden sembrarse mezcladas sino por separado. Podemos, sin embargo, adaptar las sembradoras dotándolas de varias tolvas (una para las semillas grandes y otra para las pequeñas).
Preparación del suelo y siembra: Podemos plantear varias soluciones de laboreo: desde el no laboreo hasta el doble laboreo, todas orientadas a preservar los niveles de fertilidad conteniendo los costes. En cuanto a los tiempos, hay que subrayar la importancia de actuar a tiempo: la experiencia de estos años ha mostrado la necesidad de sembrar bastante pronto para tener una buena emergencia y una cobertura homogénea, con un porcentaje de floración satisfactorio a partir de mediados de abril, antes de empezar nuestros trasplantes en campo abierto. En la siembra de los primeros años de abono verde podemos trabajar en profundidad también con aperos descompactadores. La acción mecánica de las raíces es tanto más eficaz cuanto más desarrollado y ramificado está el sistema radicular, y con ese desarrollo crecen también todas las demás acciones positivas. Es cierto que las raíces son capaces de ir mucho más allá de la capa labrada: basta recordar que la alfalfa, el trébol violeta y el altramuz alcanzan incluso 1,5-2 metros de profundidad, y la veza, la colza y la mostaza rondan el metro; pero esta capacidad de exploración se ve favorecida además por el laboreo antes de la siembra. El laboreo profundo en la implantación se justifica también porque, al incorporar el abono verde, no se hace ni se debe hacer un trabajo profundo, sino solo en los primeros 10-20 cm del suelo. Respecto a lo expuesto sobre los beneficios de una gestión conservacionista del suelo en el aumento de la materia orgánica y sobre la capacidad de las raíces de ir más allá de la capa labrada, para una pradera de abono verde la siembra directa podría ser una solución muy interesante por costes y rapidez de intervención.
Momento óptimo para incorporar la biomasa: La época óptima de incorporación, para aprovechar la liberación más rápida de los nutrientes contenidos en los tejidos, es la fase de prefloración. En esta fase del ciclo vegetativo la planta ha alcanzado su máximo desarrollo y a partir de ahí empieza a aumentar el porcentaje de fibra en los tejidos, es decir, sube la relación C/N y con ella el tiempo de liberación. El aumento de la energía necesaria para descomponer plantas maduras lo confirma también el valor en unidades forrajeras de las plantas, que disminuye a medida que maduran, precisamente por la mayor presencia de fibra.
Un abono verde «maduro» es muy importante para el balance de humus: se pueden contar hasta unos dos kilos de humus estable por cada quintal (100 kg) de masa verde incorporada, siempre que la biomasa esté distribuida de forma homogénea, bien triturada y la incorporación se haga correctamente. Poca disponibilidad inmediata de nutrientes, pero una reserva útil que se mineraliza lentamente. En los abonos verdes con relación C/N baja hay buena disponibilidad de nutrientes para el cultivo siguiente, pero las ventajas para la estructura del suelo son temporales, si no nulas.
La asociación de distintas especies sirve también para equilibrar el tiempo de liberación. En una pradera de otoño-invierno de leguminosas y gramíneas, cuando las primeras están en floración, las segundas suelen estar más avanzadas en la maduración, y por tanto son más ricas en fibra y se descomponen más lentamente por los microorganismos del suelo.
Trituración de la biomasa: Una vez decidido cuándo intervenir, si el tiempo lo permite, toda la biomasa producida debe triturarse para reducir el volumen que los aperos deben enterrar o, mejor dicho, mezclar con las primeras capas del suelo. La trituración es una labor decisiva para el éxito y, si se puede elegir, conviene que la trituradora lleve martillos, que pulverizan la masa, mientras que con cuchillas predomina el desfibrado; así se consigue una unión más completa con el suelo al incorporarla. De este modo se limitan mucho los efectos negativos de las fermentaciones anaerobias causadas por masas verdes demasiado grandes, húmedas y compactadas.
Secado de la biomasa triturada: Antes de incorporarla, la masa verde se deja secar sobre el terreno. Las condiciones meteorológicas y la temperatura determinarán un tiempo algo más corto o más largo, además del tipo de suelo y la cantidad de masa producida. Para la acción biocida pueden aconsejarse incorporaciones más inmediatas.
Incorporación del abono verde: La incorporación debe ser siempre superficial y, según el tipo y el estado del suelo, puede hacerse con grada de discos, fresadora, cultivador o cultivadores de brazos flexibles. El objetivo debe ser siempre mezclar la masa verde con el suelo de la forma más homogénea posible. No hay que hacer nunca labores profundas con vertedera porque, además de dificultar la absorción de nutrientes por las raíces jóvenes, las fermentaciones anaerobias que se producen pueden inhibir el desarrollo radicular del cultivo. Si la temporada es especialmente desfavorable, puede haber algún problema de estrés hídrico en caso de sequía o de siembra retrasada en caso de lluvias excesivas. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la gran masa de materia orgánica incorporada tiene un efecto positivo en la estructura, que esta tiene también una excelente función de equilibrio del balance hídrico del suelo y que 30-40 toneladas de biomasa verde contienen al menos de 20 a 30 metros cúbicos de agua o más, gran parte de la cual se evapora, pero una cantidad importante vuelve al suelo. Como ya se ha señalado, la cobertura vegetal en terrenos en pendiente evita la escorrentía y favorece la infiltración, ayudada en parte por el laboreo con aperos descompactadores antes de sembrar el abono verde.

figura 1 – Abono verde de una sola especie

figura 2 – Mezcla de 8 especies

figura 3 – Abono verde maduro
Se recurre a la siega de la biomasa cuando se quiere obtener material vegetal para acolchar el suelo. El acolchado mantiene el suelo más fresco y reduce la pérdida de agua por evaporación.
Se recurre a la trituración cuando el objetivo es enterrar la biomasa vegetal e incorporarla íntimamente al suelo
Si se quiere aprovechar la rápida liberación de los nutrientes contenidos en los tejidos, es mejor terminar el abono verde en la fase de prefloración
Si en cambio queremos una liberación de nutrientes más gradual y prolongada en el tiempo, esperaremos a la fase de posfloración, cuando empieza a aumentar el porcentaje de fibra en los tejidos vegetales
El aporte fertilizante del abono verde
En cuanto a los aportes nutricionales, los estudios conocidos muestran una disponibilidad muy interesante de nitrógeno y potasio y una cantidad más limitada de fósforo. El interés por esta técnica suele centrarse, erróneamente, solo en la cantidad de nitrógeno, pero no hay que olvidar el aporte de potasio, todavía mayor cuando la mezcla incluye crucíferas. Menos relevante es, en cambio, la cantidad absoluta de fósforo, poco presente en los tejidos jóvenes pero probablemente ya movilizado y disponible junto a las raíces para trasladar los nutrientes de la raíz al fruto y cerrar el ciclo vegetativo.
En cuanto al aporte adicional de nitrógeno procedente de la actividad radicular de las leguminosas de la mezcla, hay datos interesantes sobre la velocidad con que las distintas plantas de esta familia fijan el nitrógeno atmosférico en relación con la temperatura. El nitrógeno fijado en 42 días a 10 °C por la veza vellosa, considerada la planta más eficiente en este aspecto, es aproximadamente la mitad del fijado por el haba forrajera en el mismo periodo y a la misma temperatura.
Cantidad de N (kg/ha) fijada en 42 días por algunas leguminosas a 10 y 20 °C, tomando como 100 la cantidad fijada por la veza a 10 °C.
|
ESPECIE Y TEMPERATURA °C |
N FIJADO EN 42 DÍAS |
|---|---|
|
Veza vellosa 10 °C 20 °C |
100 |
|
Haba forrajera 10 °C 20 °C |
|
|
Trébol blanco 10 °C 20 °C |
20 |
|
Trébol encarnado 10 °C 20 °C |
43 |
Según estos datos, el haba forrajera resulta un cultivo muy interesante también por su capacidad de fijar nitrógeno en las primeras fases vegetativas y a temperaturas relativamente bajas, y por eso es útil cuando hay poco tiempo. En cuanto a la liberación de esta enorme cantidad de nutrientes, varios estudios coinciden en que, sobre todo en los primeros años, no más del 50% de los nutrientes potenciales de un abono verde se liberan rápidamente, mientras que el resto queda disponible para el año siguiente. La disponibilidad está ligada también al contenido de materia orgánica del suelo: cuanto más bajo es, menor es la liberación inmediata. Por eso un abono verde hecho por primera vez tiene sobre el cultivo que debe aprovecharlo efectos inmediatos inferiores a su potencial, pero contribuirá igualmente al balance general y a los años siguientes. De todos modos, es interesante comprobar que incluso una disponibilidad de solo el 40-50% puede corresponder a cantidades notables de nitrógeno, equivalentes a inversiones económicas importantes si se aportaran con cualquier abono orgánico comercial.
Otra aportación importante viene del nitrógeno que los cultivos de cobertura son capaces de retener, limitando la lixiviación de nitratos hacia el acuífero. Algunos ensayos muestran una acción de protección del acuífero y a la vez un aporte para el cultivo. En el caso del centeno se llega a 70 kg/ha, y en el raigrás a unos 50 kg/ha. La acción es tan importante que en las publicaciones estadounidenses los cultivos de cobertura se llaman también «catch crops», es decir, cultivos trampa. Además, la masa de raíces, después de explorar capas de suelo más o menos profundas según la especie sembrada y de dejar abundantes galerías para la circulación del agua y del oxígeno, es también una materia orgánica valiosa que hay que contabilizar en el balance final.
Elección de las especies y cantidad de semilla
La elección de las especies y un buen manejo del abono verde son, por tanto, el paso decisivo para alcanzar los objetivos técnicos fijados en función de la producción, de la fertilidad del suelo y de la biodiversidad de la finca. Muy a menudo, para contener los costes y mientras los resultados convencen al agricultor, las especies se eligen entre las semillas producidas en la propia finca. Esta opción tiene muchas ventajas económicas y organizativas y probablemente es la mejor que se puede aconsejar, pero si se prolonga en el tiempo puede llevar a repetir con demasiada frecuencia los mismos cultivos en el terreno y a simplificar en exceso el ecosistema de la finca. En estos casos, pasado un tiempo, hay que reequilibrar la situación usando para el abono verde también especies distintas de las que se cultivan habitualmente.
Crucíferas como la colza y la mostaza se pueden introducir fácilmente para comprobar su capacidad de movilizar el fósforo y su potencial para contener malas hierbas muy agresivas y difíciles de controlar, como el rabanillo (Raphanus raphanistrum).
Precisamente el estudio de las malas hierbas, cruzado con posibles problemas específicos de fertilidad detectados por los análisis, puede dar indicaciones importantes sobre qué especies elegir según las funciones que se quieran dar al abono verde.
Si se puede elegir la variedad, se aconseja optar por las más precoces de la especie elegida, es decir, capaces de producir biomasa en el menor tiempo posible. Para implantar un cultivo de abono verde, la cantidad de semilla debe calcularse según la capacidad de cobertura del cultivo, teniendo en cuenta que el objetivo es la biomasa y no el grano. En algunos casos la dosis puede aumentarse incluso un 10-20% respecto a la de un cultivo solo. En las mezclas hay que pensar bien la proporción entre las dos o tres plantas elegidas para evitar que una especie domine sobre las demás, limitando su germinación o su desarrollo y, por tanto, la función para la que se eligieron.
Como siempre, hay que evitar dosis de semilla excesivas, no solo para no tener costes inútiles sino también porque no es cierto en absoluto que eso ayude a producir más biomasa. La luz es un factor fundamental para el desarrollo vegetativo, igual que es limitante la competencia por los nutrientes; y conviene recordar siempre que en un abono verde la biomasa producida es importante, pero también las raíces aportan mucho: a la estructura, al balance de humus y a la nutrición, no solo por la fijación de nitrógeno de las leguminosas sino, en general, por su capacidad de movilizar y retener todos los elementos, incluido el fósforo, que es además el macroelemento menos presente en la masa verde en el momento de la incorporación. Ensayos en curso están mostrando la capacidad de organificar el fósforo de las raíces de algunas plantas muy usadas para abono verde, como por ejemplo la mostaza y el rábano forrajero.
En cualquier caso, la semilla debe ser siempre suficiente para cubrir el suelo de forma homogénea y cumplir los objetivos principales del abono verde: producir biomasa verde y cubrir el suelo. Como prueba más de la importancia del abono verde y como resumen de lo dicho, se subraya una vez más que:
- el aporte de nutrientes es importante y tiene costes competitivos en relación con la unidad fertilizante que ofrece el mercado;
- el suelo desnudo durante largos periodos es perjudicial para su protección frente a la erosión, para el balance de humus y el energético, además de para el control de las malas hierbas;
- la presencia de plantas en todas las épocas del año ayuda a la biodiversidad de la finca y limita la lixiviación de nitratos al acuífero, con consecuencias agronómicas y ecológicas positivas
En general:
Abonos verdes con gramíneas (avena, cebada, centeno, raigrás…)
- Sistema radicular extenso de tipo «fasciculado» (exploran grandes volúmenes pero en superficie), que mejora la estructura fina del suelo (aireación)
- Alto rendimiento en humus gracias a su elevada relación C/N (cuanto más «maduras», más alta)
- Si se siembran solas, cuidado con el llamado «hambre de nitrógeno»
- Siembra sencilla con sembradoras de trigo
- Aporte de nitrógeno limitado
- Cebada: muy adaptable, precoz, resistente a la sequía y a la salinidad. Cuidado con el efecto de hambre de nitrógeno. Excelente «bomba» de agua.
- Triticale: rústico, se adapta a distintos suelos y condiciones climáticas. Excelente para mejorar la relación C/N; asociar con leguminosas
- Centeno: precoz, poco exigente, excelente resistencia al frío. Sistema radicular muy extenso y superficial, gran productor de biomasa y por tanto de fibra. Cuidado con el efecto de hambre de nitrógeno. Excelente para mejorar la relación C/N; asociar con leguminosas
- Avena. Rápida, cubre el suelo enseguida. Se adapta a todos los suelos; cuidado con su efecto como mala hierba.
- Raigrás: gran capacidad de retener los nutrientes presentes en el suelo. Crecimiento rápido.
Abonos verdes con leguminosas (veza, haba forrajera, trébol…)
- Sistema radicular a menudo de tipo «pivotante», que explora el suelo en profundidad y mejora su estructura gruesa.
- Suben a la superficie elementos de las capas más profundas
- Rompen la suela de labor y facilitan el drenaje del agua en exceso
- Aporte de nitrógeno por fijación cuando hay nodulación
- Bajo rendimiento en humus, pero formación de agregados temporales gracias a compuestos mucilaginosos
- Se adaptan a distintos tipos de suelo y de clima.
- Trébol de Alejandría: desarrollo rápido, buen rebrote, resiste bien la salinidad y la alcalinidad y tolera suelos arcillosos.
- Trébol squarrosum: resistente al frío, se adapta a suelos arcillosos y calizos.
- Trébol encarnado: resistente al frío, se adapta muy bien a suelos arcillosos no demasiado alcalinos. Raíz profunda y pivotante.
- Trébol persa: resiste la salinidad, buen rebrote, flores muy perfumadas, excelentes para las abejas.
- Veza común: teme el frío invernal y los encharcamientos. Se adapta a muchos suelos. Cuidado con el efecto de los zarcillos.
- Veza vellosa: muy rústica. Resiste el frío intenso y la salinidad; raíz profunda y pivotante. Ciclo muy lento. Porte rastrero, molesto porque tumba a las demás especies.
- Veza panónica: resiste el frío. Raíz pivotante. Mucha biomasa. Crecimiento lento, pero arranca con fuerza en primavera
- Veza de Narbona: no resiste el frío. Porte erguido, raíz poco pivotante.
- Veza de Bengala: veza de ciclo tardío, produce mucha masa. Planta rústica que tolera bien el calor y la falta temporal de agua, indicada en zonas de inviernos suaves. No tolera el frío. Se adapta a muchos tipos de suelo, incluso a los tendencialmente salinos.
- Esparceta: raíz pivotante, muy rústica, flores nectaríferas
- Altramuz: raíz robusta y pivotante, porte erguido hasta 1,5 m. Prefiere suelos arenosos y ácidos. No tolera los encharcamientos.
- Haba forrajera: se adapta a todos los suelos. Resistencia media al frío. Cubre rápidamente el suelo si se siembra pronto.
- Guisante forrajero: gran eficiencia en la fijación de nitrógeno. Produce mucha biomasa.
- Zulla: adecuada para climas cálidos y áridos, fuerte acción contra la erosión, raíces profundas y pivotantes, sanea las arcillas sódicas
Para obtener la máxima fijación de nitrógeno por parte de una leguminosa deben darse algunas condiciones ambientales favorables:
- pH cercano a la neutralidad
- Buena aireación del suelo
- Temperatura del suelo suficientemente alta
- Buena disponibilidad de fósforo
Cantidad orientativa de semilla para cultivos de abono verde ESPECIES SOLAS
| especie | kg/ha |
|---|---|
| Cebada | 120 – 150 |
| Avena | 120 – 150 |
| Trigo blando | 180 – 200 |
| Triticale | 150 – 180 |
| Centeno | 150 – 200 |
| Altramuz | 100 – 150 |
| Haba forrajera | 120 – 150 |
| Guisante | 200 – 250 |
| Veza | 100 – 120 |
| Trébol violeta | 30 – 35 |
| Trébol encarnado | 30 – 50 |
| Trébol blanco | 20 – 30 |
| Trébol de Alejandría | 30 – 50 |
| Trébol squarrosum | 30 – 50 |
| Trébol subterráneo | 35 – 50 |
| Raigrás | 40 – 50 |
| Mostaza | 8 – 10 |
| Colza | 10 – 15 |
| Facelia | 12 – 15 |
| Festuca arundinácea | 40 – 60 |
| Rábano forrajero | 20 – 25 |
| Esparceta | 60 – 80 |
| Zulla | 25 – 35 |
| Características | Alejandría | Encarnado | Squarrosum |
|---|---|---|---|
| rusticidad | ++ | ++ | +++ |
| rebrote | ++++ | ++ | No |
| Resistencia al frío | + | ++ | + |
| Productividad | ++++ | ++ | + |
| Notas | adecuado para suelos calizos |
Tolera bien los suelos ácidos; es la especie más precoz |
Muy rústico, específico para suelos ácidos |
Abonos verdes con brasicáceas (colza, mostaza, B. carinata, B. juncea…)
- Sistema radicular de tipo «pivotante», que explora el suelo en profundidad, drenaje y suela de labor
- Suben a la superficie nutrientes de las capas más profundas
- Rompen la suela de labor y facilitan el drenaje del agua en exceso
- Relación C/N generalmente intermedia entre gramíneas y leguminosas (equilibrio entre rendimiento en humus y sustancias «listas»)
- Adecuadas para producir en poco tiempo una gran cantidad de masa.
- La opción ideal cuando queremos mejorar suelos pobres por ser arenosos o hacer más ligeros y aireados los suelos arcillosos.
- Dan vida al suelo y producen humus estable
- Algunas especies tienen función biocida contra nematodos y hongos parásitos
- Siembra sencilla con sembradora o a mano
- Mostaza: (negra, blanca, juncea) raíces pivotantes y profundas. Excelente capacidad para «labrar» el suelo. Acción biofumigante en el suelo, buenas melíferas, cubren rápidamente el terreno, función antierosiva, materia orgánica de excelente calidad. Fósforo y potasio en forma asimilable (juncea). No toleran los retornos de frío.
- Rábano forrajero: El rábano forrajero tiene un ciclo muy corto, unos 60 días, que permite sembrarlo en casi todas las estaciones. Hay que triturarlo e incorporarlo como muy tarde en plena floración, para evitar que se resiembre. Es muy interesante su beneficio para el suelo, también en materia orgánica y mejora de la estructura. Especie muy competitiva con las malas hierbas
- Colza forrajera: raíz profunda. Mejora la estructura del suelo. Relación C/N 14/21, materia orgánica de excelente calidad.
- Rúcula:Una vez incorporada, ejerce una acción fumigante contra los hongos patógenos del suelo (contiene glucoerucina). Ciclo: 55-60 días de la siembra a la floración
- Tillage Radish: La característica inconfundible del Tillage Radish es su gran raíz pivotante engrosada, que penetra en el suelo hasta 50-60 cm de profundidad y crea una serie de agujeros amplios y cercanos, ideales para el drenaje y para estructurar perfectamente los suelos, incluso los más pesados y arcillosos. Los tejidos de la raíz son tiernos, gelatinosos y blandos. El Tillage Radish es una cubierta «heladiza», es decir, se deshace de forma natural con la helada invernal y deja en el suelo sus raíces completamente inactivas y blandas, que no estorban al laboreo mínimo posterior ni a la siembra directa.
Otras plantas utilizadas, aunque no pertenecen a las familias mencionadas antes:
-
- Trigo sarraceno, que crece rápido, casi un metro en 40 días, produce mucha vegetación y con sus hojas impide que crezcan las malas hierbas.
- Facelia: también de ciclo corto (unas 9 semanas); sus preciosas flores azul-violeta atraen a las abejas. Produce mucha biomasa.
La mezcla de gramíneas y leguminosas sirve para sumar las ventajas de las dos familias: las gramíneas protegen a la leguminosa en invierno y las leguminosas sombrean el suelo de modo que se pierde menos la humedad que necesitan las gramíneas.
El abono verde de gramíneas, con una relación C/N alta, tiende a formar humus estable, pero no deja disponibles enseguida los nutrientes para el cultivo siguiente; al contrario, incorporar material poco lignificado y con C/N bajo tiene un efecto fertilizante rápido pero un escaso efecto enmendante, porque se forma poco humus estable.
Plantas para abono verde
Trébol encarnado
TRÉBOL ENCARNADO Especie de siembra otoñal que se utiliza [...]
Preguntas frecuentes sobre el abono verde
¿Se puede hacer abono verde en una huerta pequeña?
Sí. Las dosis de las fichas están en kg por hectárea: dividiéndolas por 100 obtienes los kg por 100 m². En la huerta familiar el abono verde se puede hacer en franjas o parcelas, en rotación con las hortalizas.
¿Cuánto hay que esperar después de incorporarlo?
Normalmente 2–4 semanas, el tiempo necesario para que el material empiece a descomponerse. Con mucha biomasa o con el suelo frío conviene esperar más.
¿Qué abono verde elegir para aportar nitrógeno al suelo?
Las leguminosas, como el haba forrajera, veza vellosa, trébol encarnado e altramuz: gracias a las bacterias que viven en sus raíces fijan el nitrógeno del aire y lo dejan en el suelo.
¿Mejor el abono verde o el estiércol?
No se excluyen. El abono verde cuesta poco y se produce en la propia finca; el estiércol aporta una materia orgánica más estable. Hablo de ello en la guía sobre estercolado y humus.
¿Quieres profundizar? Mira la lección «Abonos verdes» del curso online de horticultura ecológica (en italiano).
