A menudo no es fácil disponer de grandes cantidades de estiércol para abonar nuestros suelos. Una muy buena solución es mejorar la calidad del producto que vamos a distribuir, para reducir tanto la materia prima como los viajes necesarios, ahorrando tiempo y dinero. El vermicompost consiste en añadir materia orgánica al estiércol fresco y crear todas las condiciones óptimas para aprovechar la capacidad digestiva de las lombrices.

El vermicompost es una sustancia rica en los nutrientes esenciales para el crecimiento de las plantas (nitrógeno, potasio, fósforo, calcio y magnesio): contiene los niveles más altos de cualquier otro abono orgánico y, además, suele ser mucho más rico en microorganismos que el compost normal. En internet y en las revistas especializadas encontramos miles de artículos sobre los efectos beneficiosos de este producto: ¿por qué no probarlo también en nuestra finca?

Empecé esta experimentación en 2015, implicando también a otras fincas con las que colaboro, y a lo largo de los años he trabajado para mejorar la técnica, optimizando los pasos del proceso que presentaban más dificultades. Considero esta técnica, junto con la cría de lombrices y la producción de té de lombriz, una excelente solución para la finca: nos permite producir un sustrato perfecto para nuestras plantas, valorizar las cualidades organolépticas de nuestras variedades y reciclar dentro de la finca, de la mejor manera posible, todos los residuos que producimos. Las lombrices, que se desplazan continuamente de abajo hacia arriba excavando largas galerías, facilitan la difusión del oxígeno también en las capas más profundas y favorecen el desarrollo de microorganismos aerobios. Gracias a ellas evitamos usar la excavadora o dedicar muchas horas de trabajo a voltear la pila a mano para oxigenarla.

Con los años también he intentado implicar en la gestión de la pila a los clientes que vienen a comprar a la finca, animándolos a traer su cubo de residuos orgánicos (evaluando siempre con cuidado la calidad de los restos vegetales), haciéndolos partícipes de la descarga y el recubrimiento y ofreciéndoles a cambio pequeños descuentos o un poco de buen compost para sus plantas. Si esta autogestión de los residuos orgánicos se diera a conocer, creo que muchos puntos de compostaje repartidos dentro de las propias fincas serían mejores que las grandes plantas de compostaje, que tienen inevitablemente graves problemas de calidad del producto final (basta mirar dentro de cualquier contenedor de orgánico de una ciudad), con beneficios para el medio ambiente y la sociedad. Hoy la normativa italiana no permite este enfoque: por desgracia, esta cadena está destinada a seguir siendo mínima y a basarse en el boca a boca.

Ubicación

Como en toda rotación bien hecha, hay zonas en las que estamos aumentando la materia orgánica, otras en las que la mantenemos y otras en las que la consumimos. Siempre que sea posible, elegiremos para la pila la zona donde al año siguiente trasplantaremos las solanáceas. Será una zona en la que, durante un año, miles de lombrices y microorganismos trabajarán sin descanso para degradar la materia orgánica y transformarla en humus. Aunque intentemos recoger casi todo el producto, cuando la pila se hace directamente sobre el terreno una buena parte se incorpora al suelo y queda a disposición de los cultivos siguientes.

Formación de la pila

El mejor momento para empezar la pila es cuando podemos llegar fácilmente con un vehículo de transporte al lugar previsto, es decir, cuando el terreno está lo bastante seco. La pila debe tener, al formarla, una base de al menos 1,5–2 metros (es más pequeña que una pila clásica). Es importante hacerla en línea recta, para facilitar después la limpieza de la hierba que crecerá en la base con una desbrozadora de martillos o un tractor cortacésped. Si usamos una excavadora para formar la pila, recuerda no empujar nunca el estiércol, sino dejarlo caer desde arriba para no compactarlo. En nuestra finca usamos una pala trasera enganchada al tractor para facilitar la distribución.

Con una pala o una horca ajustaremos la base y la altura para que la pila quede lo más homogénea posible. Con 20 toneladas de estiércol se puede formar una pila de unos 50–60 metros de largo.

Introducción de las lombrices

Con una pala abriremos pequeños huecos en la parte superior de la pila, cada 2 metros. Para una pila de 60 metros se necesitan unos 4 kg de lombrices. Si podemos elegir, recomiendo la lombriz roja californiana (Eisenia fetida), la especie más utilizada para producir vermicompost por su gran capacidad de reproducción (ver la guía sobre la cría de lombrices y la producción de té de lombriz).

Cobertura

Tanto las lombrices como el estiércol en maduración deben estar protegidos de la luz del sol. Hay muchos métodos; lógicamente, preferiremos materiales que tengamos en la finca o en los alrededores. Si disponemos de un cortacésped con recogedor, la opción más obvia y mejor (porque aportamos materia orgánica fresca) es cubrirla con hierba cortada, con cuidado de que no haya granado. A lo largo de los años he cubierto la pila con hierba cortada y con paja; una vez también usé astillas de pino procedentes de talas cercanas. La cobertura debe ser uniforme y de al menos 10 cm de espesor: al terminar, el estiércol ya no debe verse.

Alimentación de la pila

Ahora tenemos una pila en la que lombrices y microorganismos están listos para reproducirse y digerir todo lo que encuentran. Una finca como la que llevo produce cada día varios kilos de materia orgánica, sobre todo de la limpieza de las hortalizas o de productos ya estropeados. Como referencia: con 3 hectáreas cultivadas llenamos al menos dos carretillas al día. Al final de la jornada, apartamos la cobertura con una horca y descargamos la carretilla o el cubo en la parte superior de la pila. Después volvemos a cubrir los restos recién depositados con el material de cobertura que habíamos apartado. Este recubrimiento es especialmente importante en verano, cuando las altas temperaturas tienden a secar demasiado rápido el material aportado y reducen su calidad y su potencial.

Es buena costumbre dejar la horca clavada en el punto de la última descarga, para no perder tiempo buscando dónde seguir la próxima vez. Teniendo en cuenta que la pila dura al menos 12 meses, los aportes deben interrumpirse durante los últimos 3 meses para que todos los materiales se degraden bien.

Riego de la pila

Para que la descomposición avance bien, tenemos que garantizar a las lombrices y a los microorganismos una buena humedad. Si la humedad es excesiva, perjudicamos el trabajo de los microorganismos: los poros de la pila se llenan de agua, el aire no circula y se frena la actividad de los microorganismos aerobios útiles. Para facilitar el riego, recomiendo extender sobre la pila una cinta de riego perforada de gran diámetro. Revisando la pila de vez en cuando, será fácil saber cuándo regar. En general, en verano basta con regar 20 minutos cada dos días.

Cantidad y distribución

Vale lo dicho en la guía sobre el estercolado y el humus (en italiano); hay que tener en cuenta que, al ser un producto muy rico en nutrientes y en actividad microbiana, podemos reducir las dosis a la mitad.