Es importante conocer la calidad del agua que usaremos para regar. Estos análisis deben ser muy detallados en el caso de producciones en hidroponía, aeroponía o float system, porque al perderse todas las interacciones con el suelo el agua es el vehículo con el que se dan todos los nutrientes a las plantas. Aquí, por suerte, solo nos ocupamos de producciones en suelo, en las que casi todos los nutrientes los aporta el suelo y solo una parte la fertirrigación. Aconsejo hacer un análisis químico que incluya tanto las características principales, como el pH, la dureza, la salinidad y la presencia de contaminantes, incluidos los fitosanitarios, como el análisis microbiológico para determinar su potabilidad. Antes de hacer el análisis conviene tener una idea aproximada de lo que podemos encontrar y decírselo al laboratorio para orientar los análisis. Por poner algunos ejemplos, me ha tocado tomar muestras de agua de lagos cercanos a viñedos convencionales en los que se detectaron enseguida altos niveles de herbicidas y fitosanitarios en general. En otros casos he visto que los pozos que toman agua de acuíferos superficiales cerca de las ciudades presentan a menudo altos niveles de Escherichia coli y coliformes. Encontrar un agua excelente en Italia es ya prácticamente imposible: basta pensar en los altos niveles de nitratos causados por la agricultura química y la ganadería en la llanura del Po, o en el uso masivo de herbicidas en el Val di Non o en las zonas del prosecco del Véneto. Y donde no han contaminado la agricultura y la industria, a menudo hay igualmente vertederos ilegales y vertidos ilegales en los ríos. A pesar de estos problemas, conviene conocer la calidad del agua que vamos a usar, porque conociendo sus características podemos elegir distintas soluciones.
El pH
Si el agua analizada procede de un pozo es de esperar que tenga un pH cercano o superior a 8. El agua de lluvia que no escurre por la superficie atraviesa el suelo y las rocas hasta llegar al acuífero, que puede ser más o menos superficial. En este recorrido atraviesa capas ricas en carbonato cálcico, que reaccionan fácilmente con el ácido carbónico del agua formando bicarbonato cálcico, soluble en agua. La presencia de este compuesto sube el pH.
Las aguas de lluvia que escurren y llenan directa o indirectamente lagos y ríos nunca son puras, ni siquiera en las zonas menos contaminadas del planeta. Durante la formación de las nubes y de las gotas de lluvia quedan atrapadas varias sustancias presentes en la atmósfera en forma de gas o de partículas. Entre las principales, en condiciones normales, están el dióxido de carbono, el dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno que, al reaccionar con el agua, la acidifican. En casos extremos, en zonas muy contaminadas o tras fenómenos naturales como erupciones volcánicas, puede haber lluvia ácida. Hasta hoy en nuestras zonas nunca he visto nada parecido y, francamente, espero no verlo. El agua de lluvia tiene normalmente un pH ligeramente ácido, entre 5,5 y 6.
Conocer el pH del suelo y el del agua que vamos a usar es importante para el éxito de nuestros cultivos y para elegir las especies. Como hemos visto, el pH en el que todos los nutrientes están bien disponibles ronda 6,5. Si tenemos un suelo tendencialmente básico, convendrá excavar una pequeña balsa dimensionada para nuestro consumo anual, de la que tomar agua ligeramente ácida que con los años mejorará de forma leve pero continua las características del suelo. En una huerta pequeña bastará con conectar depósitos a los canalones de una casa o de la caseta de herramientas para recoger y almacenar el agua de lluvia.
El problema de las aguas calcáreas en horticultura
Si usamos agua de pozo e instalaciones de riego por goteo casi seguro que veremos acumulaciones de cal en los goteros, con una pérdida inicial de caudal que, si no se toman medidas, acaba en obstrucción. Esta acumulación se debe tanto a la evaporación del agua en el gotero, con el consiguiente aumento de la concentración de sales, como a la precipitación de sales (sobre todo carbonatos) por los cambios de presión y de temperatura del agua al subir a la superficie. La forma más sencilla de resolverlo es sustituir las líneas de goteo o los goteros, pero supone un consumo excesivo de plástico. Una buena práctica, aunque no siempre eficaz y sin duda más cara (por el tiempo y los productos), eshacer a final de año lavados mediante fertirrigación con agua acidificada con ácidos débiles (como el ácido cítrico, admitido en ecológico) o sumergir durante al menos 24 horas, en los meses de invierno, los rollos de líneas de goteo ya recogidos. Para disolver la cal habría que llevar el agua a pH 5, así que se añade ácido cítrico en un recipiente y se controla el pH con un medidor electrónico o con papel tornasol. Los lavados con agua acidificada también pueden ayudarnos a eliminar obstrucciones causadas por algas o microorganismos.
Cuando usamos cintas de riego de mayor caudal (no autocompensantes) también puede aparecer cal.
Dureza
En las aguas naturales, los únicos cationes presentes en cantidad no despreciable que causan la dureza son los cationes Ca++ y Mg++ (calcio y magnesio). Su presencia puede causar varios inconvenientes, entre ellos la formación de cal, sobre todo cuando el agua se calienta. La dureza del agua se mide en grados franceses (°f). Aquí abajo hay una tabla para saber qué tipo de agua estamos usando.
| Dureza °f | Clasificación |
|---|---|
| 0-4 | agua muy blanda |
| 4-8 | agua blanda |
| 8-12 | agua de dureza media |
| 12-18 | agua moderadamente dura |
| 18-30 | agua dura |
| +30 | agua muy dura |
Salinidad
La salinidad del agua tiene dos efectos negativos principales: la defloculación y la subida del pH. El sodio es el principal responsable de la subida de este parámetro. Las concentraciones altas de este elemento hacen que sustituya al calcio y al magnesio en los coloides arcillosos y orgánicos, liberándolos. El sodio tiene una acción defloculante sobre la estructura del suelo y favorece su compactación con el uso prolongado. Con el tiempo veremos problemas de asfixia radicular por la menor permeabilidad y el peor drenaje; a su vez, la estructura del suelo resultante favorece la acumulación de sales, agravando todavía más el problema. La alta concentración de sodio sube el pH, de modo que los distintos macro y microelementos se insolubilizan y quedan en la solución del suelo en concentraciones muy bajas y poco disponibles para las plantas. En las plantas vemos un enanismo generalizado, producciones reducidas y síntomas de toxicidad. Umbral de tolerancia a la salinidad del suelo de algunas especies de interés agrario en condiciones de máxima producción potencial (FAO, 1988)
| Cultivos hortícolas | ECe (mS/cm) |
|---|---|
| Calabacín | 4,7 |
| Acelga | 4,0 |
| Tomate | 2,5 |
| Pepino | 2,5 |
| Apio | 1,8 |
| Col | 1,8 |
| Patata | 1,7 |
| Pimiento | 1,5 |
| Lechuga | 1,3 |
| Cebolla | 1,2 |
| Fresa | 1 |
Normalmente las zonas costeras son las más expuestas a problemas de salinidad. En mi experiencia solo una vez me ha tocado ver un daño así en fresa y resolver el problema. Si aparece un valor alto, hay varios métodos que podemos usar para convivir con la salinidad. Una solución barata es cultivar en bancales elevados y regar a intervalos más largos pero durante más tiempo. Así las sales disueltas en el agua tienden a depositarse a mayor profundidad que la que exploran las raíces de las hortalizas y, en su recorrido, el agua arrastra también otras sales acumuladas antes en las primerascapas. Hay varias soluciones posibles según la rentabilidad de los cultivos elegidos y el nivel de salinidad.
Microorganismos
Los parámetros que se buscan normalmente en el agua de riego, útiles también para determinar su posible potabilidad, son:
- Carga microbiana a 22 °C
- Carga microbiana a 36 °C
- presencia de coliformes
- presencia de Escherichia coli
- presencia de enterococos
- presencia de Clostridium perfringens
- Las épocas en las que es más fácil encontrar estos microorganismos son la primavera y el verano, cuando sube la temperatura media del agua y el ambiente es más favorable a su proliferación.
Es difícil saber cuál es el motivo de la contaminación; en algunos casos una presencia importante de bacterias en el agua puede deberse a cadáveres de animales ahogados en un lago o a grandes pilas de estiércol fresco que acaban contaminando acuíferos superficiales. Si nuestras aguas están contaminadas, debemos evitar lavar las verduras con ellas hasta haber resuelto el problema.
Hay dos soluciones bastante sencillas para resolver estos problemas.
La primera es instalar lámparas de rayos ultravioleta (UV). El tratamiento con rayos UV es ideal para desinfectar agua de pozo, de depósito o de manantial que presente contaminación microbiológica (p. ej. coliformes, estreptococos, Escherichia coli) y otros microorganismos de distinto tipo: mohos, esporas, etc. Los rayos UV eliminan todos los microorganismos de forma segura y rápida. Este tratamiento es puramente físico y ofrece siempre la misma eficacia, sin subproductos nocivos y sin alterar el olor, el sabor ni el pH del agua tratada, manteniendo sus características naturales porque no modifica los minerales disueltos en ella.
La instalación de la lámpara es sencilla y la puede hacer cualquier fontanero. El uso y la gestión del equipo no requieren conocimientos especiales: el mantenimiento ordinario y la sustitución periódica de la lámpara UV (aconsejada aproximadamente cada 9.000 horas de uso) se pueden hacer sin dificultad.
Otro método, más caro pero interesante si se usa agua de riego recuperada de riegos anteriores o agua con hongos dañinos de los géneros Fusarium y Phytophthora o con Pseudomonas, es instalar un equipo de producción de agua oxigenada (H2O2). La forma más eficiente y fiable de añadir al agua una concentración determinada de H2O2 es inyectar el producto directamente en la tubería principal. Hay que instalar una bomba de inyección y un caudalímetro en la tubería (ver la foto). La medida del caudal se conecta a la bomba de inyección, de modo que el número de impulsos por minuto se regula según la cantidad de agua por minuto que pasa por la tubería. Existen, obviamente, fórmulas para calcular exactamente el porcentaje de agua oxigenada que hay que inyectar.
Si usamos productos quelatados para fertirrigación (como el hierro quelatado) para resolver alguna carencia inminente, hay que cerrar el equipo de oxigenación, porque el agua oxigenada descompone los quelatos.
Durante un trabajo que hice en una gran instalación de invernaderos de lechugas para IV gama en Ohio (EE. UU.), pude ver y trabajar con estos equipos de oxigenación. Todo el invernadero se esterilizaba con nebulizaciones y riegos periódicos. Si por un lado impresionaba ver la ausencia total de daños por hongos o bacterias en las plantas, por otro pude comprobar el vacío biológico total que se había creado. Es difícil valorar las ventajas y desventajas de esta técnica para el ecosistema, porque también el uso prolongado de fungicidas, aunque sean ecológicos, tiene cierto impacto ambiental desde su cadena de producción. También en Arezzo conocí a un fruticultor que «desinfectaba» periódicamente todo el manzanar con esta técnica, pero todavía no he podido valorar sus resultados a lo largo de los años.