El abonado foliar es una práctica que aprovecha la capacidad de las hojas y de todos los tejidos vegetales de absorber nutrientes a través de la epidermis y de los estomas. Esta capacidad de absorción es mayor en las hojas jóvenes en pleno crecimiento que en los demás tejidos. Esta técnica puede ser muy útil si hemos cometido errores graves al plantear las rotaciones, como poner dos cultivos exigentes en potasio uno detrás de otro en suelos pobres. Su uso se limita sobre todo a compensar carencias repentinas de microelementos durante el crecimiento o la maduración, cuando la demanda de estos elementos es máxima. Un error que no hay que cometer es pensar que con esta técnica se puede reducir el abonado al suelo.

He hecho ensayos en parcelas con abonos foliares de un solo elemento y de varios elementos en plantas sanas cultivadas en suelos con un buen nivel de fertilidad y no he notado ninguna diferencia de producción.Según mi experiencia, si un suelo tiene un nivel de materia orgánica cercano al 3% y las rotaciones están bien planteadas, podemos evitar usar estos productos específicos que, aunque estén clasificados como ecológicos, casi siempre tienen una cadena de producción discutible. Uno de los pocos usos en los que el abonado foliar puede ser interesante, además de para corregir algunas carencias, es el estrés a principios de temporada causado por una primavera que tarda en llegar o por retornos de frío repentinos y prolongados. En estos casos la actividad microbiana del suelo ralentiza la transformación de la materia orgánica en compuestos asimilables, y dar una pequeña ayuda con nitrógeno de efecto rápido puede ayudar a las plántulas a superar el estrés.

Otro uso frecuente entre los productores ecológicos es un tratamiento foliar a base de potasio en las últimas semanas de maduración de calabazas, sandías y melones. En estos casos el potasio ayuda a conservar el producto, mejora el viraje del color con tonos más intensos y aumenta el contenido de azúcar. Como ya he dicho, los resultados son interesantes si el suelo es pobre en potasio.

Por último, el último uso que me parece útil difundir es a finales de mayo, cuando tenemos invernaderos de tomates llenos de frutos que no acaban de madurar aunque el nivel de potasio del suelo sea adecuado. En estos casos un tratamiento acelera la maduración de los primeros tomates, pero a costa de la calidad, que será inferior a la de un buen tomate madurado de forma natural en la planta.   

Consejos de uso

El mejor momento para hacer este tratamiento es a primera hora de la mañana, cuando todavía hay rocío en las hojas, porque ayuda  a absorber los nutrientes. Si no es posible, hay que hacerlo por la tarde, en las horas más frescas.  Consulta el tiempo y evita el tratamiento si se prevé lluvia al menos en las 24 horas siguientes. Usa una lanza de tratamiento adecuada y el motor a altas revoluciones para pulverizar bien el producto y conseguir una cobertura más uniforme.