Por qué hablar de huerta en bancal elevado
La huerta en bancal elevado es, en mi experiencia, uno de los sistemas más productivos y menos cansados para cultivar hortalizas ecológicas en una superficie pequeña. Funciona bien en la huerta de casa y funciona bien como sección especializada de una finca. No lo digo por moda: lo digo tras años siguiendo huertas de todos los tamaños, del norte al sur de Italia.
Quien cultiva una huerta conoce bien esta escena. De la pila de compost salen solas plantas de calabaza, calabacín o melón. Si las dejamos crecer, a menudo superan en vigor a las que trasplantamos con cuidado semanas antes. El motivo es sencillo: sus raíces encuentran un ambiente esponjoso, rico en materia orgánica y lleno de vida microbiana. La huerta en bancal elevado parte precisamente de esta observación e intenta recrear esas condiciones de forma ordenada y duradera.
En este artículo explico cómo funciona el sistema que llamamos huerta bioactiva, cómo se construye un bancal, cómo se rellena, cómo se maneja con los años sin cavar nunca y cómo producir el compost necesario. En la segunda parte amplío la mirada. Una huerta, incluso la más cuidada, no vive aislada: está inmersa en un clima cada vez más inestable. Por eso explico por qué conviene integrar los bancales en un pequeño sistema agroforestal, con frutales, setos y franjas de flores.
El artículo está pensado para quien cultiva por afición pero no renuncia a la precisión técnica. Los números y medidas que doy son los que he comprobado en el campo. Siempre hay que adaptarlos al propio suelo, al propio clima y a los materiales disponibles.
Qué es la huerta bioactiva en bancal
La huerta bioactiva es un sistema de cultivo en bancales elevados, rellenos de compost y cubiertos con una capa de lapilli volcánico y piedra pómez. La desarrolló Andrea Battiata, con quien colaboro desde hace algunos años. La variante que describo aquí es la que he seguido directamente y que he contribuido a mejorar.

Andrea Battiata, fundador del método Huerta bioactiva
El sistema es pariente cercano de la horticultura biointensiva, difundida en las últimas décadas entre los pequeños productores del market gardening y la microgranja, primero en Francia y luego también en Italia. Comparte con ella tres principios:
- bancales fijos, que no se mueven de un año a otro y nunca se pisan;
- cultivo intensivo, con plantas muy juntas y sucesiones rápidas de cultivos;
- mucha atención a la fertilidad, construida con aportes regulares de compost maduro.
Las diferencias, sin embargo, son importantes. En el biointensivo clásico el bancal es un caballón de tierra, a menudo de 10–30 centímetros de alto, que hay que airear una o más veces al año con la horca de doble mango, la llamada grelinette. Es un sistema que reduce el uso de máquinas pero exige muchas horas de trabajo manual.
En la huerta bioactiva, en cambio, el lecho de cultivo está contenido en un bancal y la superficie está cubierta por un acolchado mineral. El resultado es un sustrato que se mantiene esponjoso por sí solo, sin labores. No se cava, no se escarda con azada y ni siquiera se pasa la grelinette. Esta es la verdadera revolución del sistema: la estructura del suelo la construyen las raíces, las lombrices y los microorganismos, no las herramientas.
En resumen, el bancal bioactivo tiene tres capas:
- el suelo natural debajo, con el que el bancal sigue en contacto porque no tiene fondo;
- unos 25 centímetros de compost maduro, que es el verdadero lecho de cultivo;
- al menos 5–7 centímetros de mezcla de lapilli y pómez en la superficie, como acolchado.
Cómo construir el bancal: medidas, materiales, ubicación
Un buen bancal mide como máximo 1,2 metros de ancho, al menos 30 cm de alto para contener el compost y el acolchado, y se apoya directamente sobre el suelo, sin fondo. Son tres reglas sencillas, pero cada una tiene una razón precisa. A ellas se suma la orientación: es preferible la norte-sur, que ilumina de forma más uniforme los dos lados del bancal.

Finca La Serra (Livorno): huerta en bancales de bloques de toba
El ancho: a ser posible no más de 1,2 metros de superficie cultivada
Con un ancho de 1,2 metros se llega cómodamente al centro del bancal desde los dos lados, sin apoyar nunca los pies en la superficie cultivada. Puede parecer un detalle, pero es el corazón del sistema. Cada paso sobre el sustrato aplasta los poros por los que circulan el aire y el agua. Un sustrato que nunca se pisa conserva su porosidad y no necesita labores para recuperar su estructura.
La longitud, en cambio, es libre: depende del espacio disponible. En la huerta de casa, cinco metros es una medida cómoda. Entre un bancal y otro deja un pasillo lo bastante ancho para pasar con una carretilla, porque cada año tendrás que llevar compost.
La altura de las paredes
Las paredes deben contener unos 25 centímetros de compost y los 5–7 centímetros de mezcla mineral. En la práctica hacen falta bordes de al menos 30 centímetros sobre el nivel del suelo. Cuanto más alto el bancal, más cómodo el trabajo: quien ha pasado horas agachado trasplantando o cosechando sabe lo que pesan esos centímetros de más. Recuerda, eso sí, que un bancal más alto necesita también más compost para llenarse.
Los materiales
Las paredes no sirven solo para contener. Evitan que el compost se deslice a los pasillos con las lluvias intensas, dificultan la entrada lateral de muchas malas hierbas y suben el plano de trabajo. Los materiales deben elegirse por ser duraderos y adecuados al contacto con un sustrato húmedo y vivo. Los que he visto funcionar mejor son:

Bancales de bloques de toba: un material natural, duradero y fácil de colocar
- madera de castaño, resistente de forma natural a la humedad, fácil de encontrar en muchas zonas y bonita;
- bloques de toba, excelentes donde son un material local, estables y transpirables;
- bloques de hormigón inerte, muy duraderos y fáciles de colocar.
Evita las maderas tratadas con productos químicos impregnantes de composición desconocida: están en contacto con el sustrato en el que crecen tus hortalizas. Y piensa en la duración. Un bancal bien construido es una inversión que debe funcionar muchos años.

Finca Il mondo di Penny (Pistoia): bancal de rollizos de castaño listo para el primer trasplante
El fondo abierto y la elección del lugar
El bancal se apoya en el suelo y queda abierto por abajo. Así las raíces pueden bajar a explorar las capas inferiores y el agua sobrante puede drenar. Esto funciona con una condición: el suelo y el lugar deben drenar bien. Evita las zonas donde el agua se encharca tras una tormenta, las hondonadas y los lugares donde la hierba sigue empapada durante días. Si tu suelo es pesado y arcilloso, el bancal es incluso una solución ideal, siempre que el agua tenga una salida.
Para la exposición valen las reglas de cualquier huerta: mucha luz, protección de los vientos dominantes y agua a mano. En esto, como veremos, árboles y setos bien elegidos pueden ayudar mucho.
El relleno: compost y acolchado de lapilli y pómez
El bancal se rellena con unos 25 centímetros de compost maduro y se cubre con al menos 5–7 centímetros de una mezcla de lapilli volcánico y arena de pómez. La calidad de estos dos materiales decide el éxito de la huerta más que cualquier otra elección.
El compost: maduro, de calidad y abundante
El compost es el verdadero lecho de cultivo. Debe estar maduro: oscuro, desmenuzable, con buen olor a sotobosque y sin restos reconocibles. Un compost inmaduro sigue fermentando, quita nitrógeno a las plantas y puede dañar las raíces. Hay que evitar también un compost con salinidad alta, que da problemas sobre todo a las plántulas recién trasplantadas.
El compost para arrancar los bancales es uno de los principales costes iniciales. Si puedes, prodúcelo tú (hablo de ello en el capítulo dedicado más adelante) o consíguelo de fuentes fiables y comprobadas. Quien tiene jardín ya dispone de siegas, hojas, podas trituradas y restos de cocina: son recursos que de otro modo saldrían del ciclo. Si lo compras, pregunta siempre su origen y, si es posible, pide un análisis.
Cuánto material hace falta
Para no quedarte a medias, calcula los volúmenes antes de hacer el pedido. Multiplica la superficie interior del bancal por el espesor de cada capa. Para un bancal de 1,2 × 15 metros, es decir 18 metros cuadrados, las cuentas son estas:
| Material | Espesor | Por metro cuadrado | Total bancal 1,2 × 15 m (18 m²) |
|---|---|---|---|
| Compost maduro (arranque) | 25 cm | 0,25 m³ | 4,5 m³ |
| Lapilli y pómez (arranque) | 5–7 cm | 0,05–0,07 m³ | 0,9–1,26 m³ |
| Total materiales de arranque | 30–32 cm | 0,30–0,32 m³ | 5,4–5,76 m³ |
| Compost de reposición (cada año) | 2 cm | 0,02 m³ (20 litri) | 0,36 m³ (360 litri) |
Ten en cuenta que el compost a granel tiende a asentarse en las primeras semanas: mejor tener un poco de más.
El acolchado mineral
El lapilli y la pómez son materiales de origen volcánico, muy porosos, ligeros y a menudo disponibles como subproductos industriales. Extendidos sobre el compost cumplen varias funciones a la vez:
- aligeran y airean la capa superficial;
- mejoran el drenaje, evitando que la superficie se cierre tras las lluvias;
- funcionan como acolchado, reduciendo la evaporación y el crecimiento de malas hierbas;
- protegen el compost del sol directo y del impacto de la lluvia fuerte;
- dificultan el movimiento de las babosas, a las que les cuesta moverse sobre una superficie seca y granulosa.
El efecto sobre las babosas, sin embargo, hay que relativizarlo: disminuye cuando el material permanece mojado mucho tiempo, por ejemplo en épocas muy lluviosas. La granulometría y la proporción entre lapilli y pómez se eligen según los cultivos y el compost que uses. Para siembras directas de hortalizas pequeñas conviene una mezcla más fina en superficie.
Una aclaración importante: el acolchado mineral no es indispensable para cosechar. También se puede cultivar solo en compost. Pero, en mi experiencia, es decisivo para mantener con el tiempo la estructura superficial y la productividad del bancal.
El riego
Prepara la instalación de riego al construir el bancal, no después. En los bancales la solución preferible es la línea de goteo, con goteros como máximo cada 30 cm: moja de forma uniforme y precisa sin desperdiciar agua.
Para regar de forma homogénea un bancal de 1,2 metros de ancho hacen falta 5 líneas de goteo, extendidas en paralelo a lo largo de todo el bancal y separadas 20 cm entre sí. También las dos líneas exteriores van a 20 cm de las paredes laterales. Midiendo desde una pared, las líneas quedan por tanto a 20, 40, 60, 80 y 100 cm. Con esta disposición el bancal se moja de forma uniforme en unos 20 minutos.
El circuito debe hacerse en anillo: las líneas se conectan por los dos extremos, de modo que el agua llega por dos lados y la presión se mantiene uniforme incluso en bancales largos, sin que los goteros del final de la línea den menos que los demás.

Finca Biortaggi Valdelsa: asociación de berenjenas y zanahorias en bancal de bloques de hormigón inerte, con línea de goteo
El compost retiene bien la humedad y el acolchado reduce la evaporación, pero en verano el agua sigue siendo un factor que no perdona errores. Encontrarás más información en la sección Riego.
Manejo con los años: sin labores y poco compost
Una vez en marcha, el bancal ya no se labra: se cultiva, se cortan las plantas en la base al final del ciclo y se añaden unos 2 centímetros de compost una vez al año. La ventaja del sistema se ve sobre todo con los años, cuando la estructura del sustrato mejora por sí sola.
Las raíces se quedan en el bancal
Al final del cultivo las plantas no se arrancan. Se cortan por el cuello, en la base, y las raíces quedan en el sustrato. En pocos meses bacterias, hongos, lombrices y el resto de la fauna del suelo las descomponen. En su lugar quedan canales y poros: auténticas autopistas por las que circulan el aire y el agua y por las que se meten las raíces del cultivo siguiente.
Es un proceso biológico que ninguna herramienta puede imitar. La pala rompe estos canales y mezcla las capas; la naturaleza, en cambio, los construye y los consolida. En mi experiencia este efecto es todavía más marcado en los bancales elevados y contribuye mucho a su productividad. El resultado práctico es también un gran ahorro de tiempo: menos pasadas y muchas menos horas de trabajo manual que en los bancales que hay que preparar y airear periódicamente.
La reposición anual de la fertilidad
Cada cosecha se lleva del bancal nutrientes y materia orgánica. Es normal ver que el nivel del sustrato baja un poco con el tiempo. Por eso hay que devolver la fertilidad, pero en cantidades moderadas y fáciles de manejar.
En los bancales que he seguido distribuyo una vez al año una capa uniforme de unos 2 centímetros de compost maduro, directamente sobre el acolchado mineral. Lo hago cuando el bancal está libre entre un ciclo y otro. Es una indicación nacida de la experiencia, no una regla fija: hay que adaptarla a la calidad del compost, a los cultivos, a los rendimientos obtenidos e, idealmente, a los análisis del sustrato.
Cómo baja el compost por sí solo
El compost maduro es más fino que los gránulos de lapilli. Con las lluvias y los riegos, su fracción fina se cuela en los huecos entre los gránulos y se integra en la capa de debajo. La cubierta mineral, en cambio, se queda en la superficie. Así la fertilidad se renueva sin mezclar nunca el bancal, y el acolchado sigue trabajando varios años. La magnitud de este asentamiento depende de la granulometría de los materiales, de las lluvias y del tipo de compost.
Cuidado con pasarse
La materia orgánica es un recurso, pero hay que manejarla con el mismo cuidado que el agua. Los aportes excesivos o desequilibrados pueden acumular nutrientes en el sustrato, con efectos negativos para las plantas y el medio ambiente. Más compost no siempre significa más cosecha. Mejor poco, regular y de calidad.
En la práctica, a lo largo del año
- Antes de los trasplantes: comprueba que el riego por goteo funcione y que el acolchado cubra toda la superficie.
- Durante el cultivo: trasplanta y siembra abriendo pequeños hoyos en la mezcla mineral, sin mezclarla con el compost.
- Al final del ciclo: corta las plantas en la base y deja las raíces en el sustrato. Lleva los restos aéreos a la pila de compost.
- Una vez al año, con el bancal libre: distribuye unos 2 centímetros de compost maduro de forma uniforme.
- Siempre: no pises nunca el bancal y no lo caves.
Producir compost y vermicompost
El compost es el combustible del bancal, y producirlo uno mismo con los restos de casa o de la finca es la mejor manera de cerrar el ciclo. Para la reposición anual las cantidades son pequeñas: unos 360 litros para un bancal de 15 metros. Para los 4,5 m³ del arranque conviene empezar con un año de antelación, o bien comprar el primer relleno y producir solo la reposición. Si lo compras, haz analizar una muestra: el compost comercial puede contener metales pesados.

Los pasillos entre los bancales siguen con hierba y permiten trabajar con la carretilla
La pila de compost
En la huerta de casa basta con una compostera o una pequeña pila con restos de cocina, siegas, hojas y podas trituradas, alternando materiales verdes y secos. En la finca la base es el estiércol, con ramas leñosas de distintos tamaños, sobre todo en el fondo, para dar porosidad. Unas pocas reglas marcan la diferencia:

La pila de compost: la base para rellenar y reponer los bancales
- pila de sección triangular o trapezoidal, con una base de 2–2,5 metros y una altura máxima de 1,8 metros, en una zona sombreada;
- material descargado desde arriba, sin compactarlo;
- humedad inicial en torno al 60–70% y temperatura en el centro entre 50 y 60 °C, que se controla con un termómetro de sonda larga;
- volteos frecuentes en la primera fase, sobre todo si la pila está mojada; si no se voltea, hay que cubrirla con paja o restos vegetales.
El método completo está en la ficha Pila clásica y compostaje.
El vermicompost
El vermicompost es mucho más rico en microorganismos que el compost normal: por eso se pueden usar dosis de aproximadamente la mitad. Se produce con la lombriz roja californiana, incluso directamente en el campo:
- se prepara una pila de estiércol con 1,5–2 metros de base: con 20 toneladas de estiércol se obtiene una pila de 50–60 metros, en la que se introducen unos 4 kg de lombrices;
- conviene hacerla donde al año siguiente se trasplantarán las solanáceas, porque parte de la fertilidad se queda en el suelo;
- debe cubrirse de forma uniforme con al menos 10 cm de siega sin semillas, paja o astillas, para protegerla del sol;
- se alimenta con los restos de limpieza de las hortalizas, descargados en la parte alta y cubiertos enseguida; la pila dura al menos 12 meses y los aportes se suspenden en los últimos 3;
- el agua se da sin excesos, con una cinta de riego perforada: en verano suelen bastar 20 minutos cada dos días.
En la huerta de casa el mismo principio funciona a pequeña escala, con un lecho a la sombra alimentado con los restos de cocina. Todos los detalles están en la ficha Vermicompost. Con el vermicompost se prepara también el té de lombriz, del que hablo en un artículo dedicado.
Qué cultivar, cuánto cuesta y cuáles son los límites
El bancal da lo mejor de sí con las hortalizas de raíz y con los cultivos de valor, sobre todo cuando el suelo de partida es pesado o difícil. Su principal límite es el coste de arranque, que sin embargo se amortiza con los años.
Los cultivos que más se benefician
Al cultivar en un sustrato con un alto porcentaje de compost bien maduro, en general todas las plantas producen más y mejor. La pregunta correcta, por tanto, no es qué hortalizas crecen en el bancal, sino cuáles conviene poner: el espacio es valioso y hay que preferir los cultivos con mayor rendimiento por metro cuadrado.

Azafrán en flor entre la col negra, en un bancal de madera
En un sustrato esponjoso y bien drenado, las hortalizas de raíz crecen rectas, regulares y sin bifurcarse: zanahorias, rábanos, nabos, remolachas.

Zanahorias cultivadas en bancal: en el sustrato esponjoso crecen rectas y regulares
El bancal es interesante también para los cultivos de valor y para los que en tu suelo salen mal: lechugas de corte, hierbas aromáticas, fresas, hortalizas de hoja delicadas, pequeñas producciones intensivas.
En cambio, hay cultivos que no conviene hacer en el bancal, sobre todo por espacio: coles, calabazas, sandías y melones. Ocupan mucha superficie durante meses y rinden poco por metro cuadrado comparado con lo que podría crecer en su lugar. En la huerta de casa y en la profesional conviene dejarlos en el suelo, junto con otros cultivos voluminosos y rústicos como las patatas o el maíz, y reservar el bancal a los más productivos.
Las reglas de la buena horticultura siguen valiendo también en el bancal: rotaciones y asociaciones ayudan a mantener sano el sustrato y a aprovechar mejor el espacio. Cultivar siempre la misma familia en el mismo bancal, año tras año, es un error también aquí.
Lo que he observado en el campo
Según mis observaciones, este es hoy el sistema más rentable que he seguido en horticultura ecológica. He observado:
- producciones elevadas por metro cuadrado, las más altas que he visto en cualquier modelo productivo;
- un manejo menos costoso, gracias a la ausencia de labores y a un mejor control de las malas hierbas;
- una menor presión de problemas fitosanitarios, con plantas que crecen en un ambiente equilibrado en microbiología y nutrientes;
- una calidad organoléptica de las hortalizas muy prometedora.
Quiero ser honesto: son resultados de campo, no garantías automáticas. Dependen de la calidad del compost, del clima, de los cultivos, del riego y de muchos otros factores. En cuanto a las propiedades nutricionales y nutracéuticas, hacen falta análisis específicos: son valoraciones en curso, no conclusiones.
Costes: una inversión que hay que leer a varios años
Arrancar un bancal cuesta más que un bancal de tierra normal. Hay que:
- construir las paredes con materiales duraderos;
- conseguir y transportar grandes cantidades de compost maduro;
- comprar y distribuir la mezcla de lapilli y pómez;
- preparar la instalación de riego.
En los años siguientes, sin embargo, las cuentas cambian. Ya no se labra el suelo, el compost se queda donde hace falta, las malas hierbas están mucho más contenidas y no hay que rehacer los bancales. Para un aficionado esto se traduce sobre todo en tiempo y esfuerzo ahorrados. Para una finca, en horas de mano de obra. El balance depende de la duración de los materiales, del coste del compost y del valor de lo que se cultiva: hay que valorarlo a lo largo de varios ciclos, teniendo en cuenta también el trabajo ahorrado.
Para dar un orden de magnitud: un bancal completo de 15 metros cuesta de media unos 1.000 € di materiali, entre paredes, compost y mezcla mineral. Es una cifra orientativa, porque la economía de escala pesa mucho. Quien hace veinte bancales a la vez puede traer el material en camiones completos y gastar casi la mitad por bancal que quien construye uno solo.
También cuenta la duración. Un bancal de castaño está pensado para durar unos 20 anni; de toba o de bloques de hormigón, con un mantenimiento sencillo, mucho más. Repartiendo el coste inicial en 20 años, la amortización es de unos 50 € l’anno para un bancal de 15 metros: poco menos de 3 € al año por metro cuadrado cultivado. A esto solo se suma el compost de reposición anual. Comparado con lo que produce un bancal, es un gasto casi irrelevante.
No es la solución para todo
La huerta en bancal elevado no sustituye a los demás modelos de cultivo: los complementa. Es la opción perfecta en suelos difíciles y pobres en materia orgánica, y es excelente para quien quiere cultivar sin maquinaria agrícola. Se presta bien también a las producciones de valor, donde el valor de las cosechas justifica la inversión inicial. En las fincas más grandes no la considero una solución para extender a toda la superficie, sino una sección especializada que integrar: hablo de ello en la sección Diseñar una nueva finca. En la huerta de casa, en cambio, puede convertirse en el corazón de la producción.
El bancal dentro de un sistema agroforestal
Una huerta en bancal rinde al máximo cuando no está aislada en un campo a pleno sol, sino integrada entre frutales que la protegen de los extremos climáticos. Es lo que llamamos agroforestería: una práctica antigua que combina árboles y cultivos en el mismo espacio.
Por qué hacen falta los árboles
Quien cultiva lo sabe: a la una de la tarde de un día de julio, en un campo sin un árbol, el sol cae a plomo. La radiación supera los 900 W/m², el suelo desnudo llega a 50–60 °C en superficie y ya a pocos centímetros de profundidad supera los 35–40 °C. Las plantas cierran los estomas para defenderse, la fotosíntesis se ralentiza y el polen de cultivos como el tomate pierde vitalidad. También se ralentiza la vida microbiana del suelo, que es el motor del bancal bioactivo.

Bancales alternados con ciruelos jóvenes
Luego, en otoño, llegan lluvias concentradas en pocas horas que no tienen tiempo de infiltrarse. Son extremos que se alternan en un clima mediterráneo que se está tropicalizando. A estos retos no se responde con una máquina nueva o un producto nuevo. Se responde devolviendo a la huerta parte de la complejidad que le hemos quitado.
Los árboles son dispositivos climáticos vivos. En mediciones en ambiente mediterráneo, bajo una copa:
- el aire puede estar 2–5 °C más fresco;
- el suelo, en las horas más calurosas, puede estar 10–15 °C más fresco que en una zona expuesta;
- el viento se frena, la humedad se mantiene más alta y la luz directa se vuelve difusa.
Para una hortaliza esto significa permanecer más tiempo en su franja fisiológica óptima y proteger la fertilidad del polen durante la floración. Para el bancal significa menos evaporación, un compost que no se sobrecalienta y una vida microbiana que trabaja también en verano.
Los árboles ayudan también con el agua y el carbono. La copa frena la lluvia y las raíces profundas abren canales que aumentan la infiltración. Hojas, podas y raíces alimentan la materia orgánica, siempre que no se quemen los restos sino que se devuelvan al suelo: las podas se pueden triturar y usar como material para el compost de los bancales. Así el ciclo se cierra dentro de la huerta.
Cómo disponer árboles y bancales
Una plantación agroforestal hay que diseñarla, porque los árboles compiten con las hortalizas por la luz y el agua. Las medidas que he comprobado en mis estudios son estas:
- distancia entre filas de árboles: 8,5–10 metros. Con hortalizas en bancales se está en la parte baja del intervalo; se sube hacia los 10 metros cuando hace falta más luz o más espacio para pasar con la maquinaria;
- distancia en la fila: 4,5–5,5 metros, según especie y variedad;
- orientación de las filas norte-sur, en la medida de lo posible, para repartir mejor la luz a lo largo del día;
- forma de conducción en vaso retrasado, con 3 o 4 ramas principales que salen a unos 1,3 metros de altura, para dejar espacio y luz bajo la copa.
Los bancales se colocan en las franjas libres entre las filas de árboles. Incluso en un jardín mediano bastan un par de filas de árboles para crear este efecto. Quien tiene poco espacio puede empezar con una sola fila en el lado más expuesto al sol de la tarde.

Mondeggi Bene Comune (Florencia): cosecha récord de cebollas en bancales de tablas de castaño entre los olivos
Qué árboles elegir
La elección de las especies es decisiva. Hacen falta árboles que den sombra en verano pero dejen pasar la luz en primavera y otoño, cuando las hortalizas la necesitan. Conviene por tanto empezar por especies que pierden pronto las hojas:
- albaricoquero;
- ciruelo japonés;
- melocotonero temprano;
- cerezo.
Manzanos y perales, que mantienen las hojas hasta finales de otoño, los descarto para este uso. También cuenta la variedad: dentro de estas especies hay que elegir variedades que produzcan antes de julio, para que en octubre la caída de las hojas ya esté en pleno curso, o al menos haya empezado. En general las variedades tempranas tienden a perder antes las hojas, pero no es una regla fija y en Italia faltan estudios sistemáticos sobre la caída de las hojas de cada variedad. Hay que observarlo en el campo, variedad por variedad. Prefiere plantas rústicas y, cuando sea posible, variedades locales.
Al ser frutales de hueso, conviene podarlos en verano. En esta estación las plantas están en plena fase vegetativa y las heridas de poda cicatrizan mucho más rápido que en invierno, limitando la posible aparición de enfermedades.
La protección de los árboles sobre las hortalizas
Un frutal con hortalizas debajo no se puede tratar como un frutal normal. El cobre y el azufre, pilares de la protección en ecológico, caerían sobre los cultivos de debajo y sobre los bancales. Además, el cobre se acumula en el suelo con el tiempo: lo último que queremos en un sustrato que cuidamos con tanta atención.
Hoy existen alternativas. En mi experiencia, los productos a base de aceites esenciales autorizados en ecológico permiten contener enfermedades como la monilia y la lepra del melocotonero, eliminando el cobre y el azufre de los árboles. Persisten menos que el cobre, por lo que requieren intervenciones a tiempo y un buen seguimiento. Contra algunos insectos de los frutales de hueso, como la anarsia y la polilla oriental, en las fincas se usa la confusión sexual con feromonas, que sin embargo necesita superficies adecuadas para funcionar. En la pequeña huerta familiar conviene apostar por variedades rústicas, observación constante y las infraestructuras ecológicas de las que hablo en el apartado siguiente.
Infraestructuras ecológicas alrededor de la huerta
Setos, franjas de flores, márgenes sin segar y pequeños refugios son la otra mitad del sistema: protegen la huerta del viento y de la erosión y albergan los insectos útiles que mantienen a raya a los dañinos. En agronomía los llamamos infraestructuras ecológicas.

Bancales recién sembrados, protegidos por un cañaveral que hace de cortavientos
Qué hacen los setos y las franjas de flores
Son elementos permanentes del paisaje agrario, en gran parte eliminados en las últimas décadas para facilitar la mecanización. Devolverlos cerca de la huerta tiene efectos concretos:
- reducen el viento, que seca el sustrato y estresa a las plantas;
- frenan el agua que corre por la superficie y, en ladera, siguiendo las curvas de nivel, se convierten en una barrera contra la erosión;
- albergan aves y polinizadores, indispensables para calabacines, tomates, fresas y frutales;
- dan alimento y refugio a los insectos útiles: mariquitas, crisopas, sírfidos y pequeños himenópteros parasitoides, que se alimentan de pulgones y otros fitófagos.
Por eso una huerta rodeada de setos sufre menos ataques de plagas. No hace falta intervenir con un producto cada vez que aparece un pulgón: a menudo, a los pocos días, llegan sus depredadores.
A qué distancia de la huerta
La influencia de un seto se nota hasta 70–80 metros de distancia, con el efecto más intenso en los primeros 50 metros. En el campo conviene por tanto colocar las infraestructuras ecológicas a no más de 100 metros unas de otras, añadiendo a mitad de camino una franja de 2–4 metros de plantas melíferas y poliníferas. En la huerta de casa la buena noticia es que un solo seto bien hecho ya cubre toda la superficie cultivada.
Cómo elegir las plantas
Un seto puede ayudar mucho a los cultivos cercanos, pero también puede perjudicarlos si se elige mal. Yo sigo tres criterios.
- Partir de la flora local. Observa los setos espontáneos de tu zona, reconoce las especies autóctonas y prefiere ecotipos locales: ya están adaptados a tu suelo y a tu clima y arraigan mejor.
- Mirar qué se cultiva cerca. Una planta útil en el seto puede albergar enfermedades o insectos vectores para el cultivo de al lado. En las zonas con flavescencia dorada, por ejemplo, hay que evitar el aliso y la clemátide cerca de la vid. Cerca de manzanos y perales hay que tener cuidado con el espino albar y otras rosáceas que pueden albergar el fuego bacteriano. En las zonas afectadas por Xylella hay que respetar las listas oficiales de especies huésped.
- Pensar en la función. Apuesta por floraciones escalonadas desde principios de primavera hasta el otoño, bayas para el invierno y varios estratos de vegetación, desde el herbáceo hasta los arbustos y los árboles.
Refugios para el invierno
Los insectos útiles también tienen que superar la estación fría. Deja algún refugio: un poco de madera muerta, huecos, un rincón de hierba alta sin segar. Si tienes que segar, hazlo en franjas alternas, para que parte de la vegetación quede siempre disponible como refugio y fuente de alimento. Una huerta demasiado limpia es una huerta sin aliados.
Por dónde empezar
No hace falta empezar con grandes plantaciones. Se empieza observando el propio terreno: por dónde sopla el viento, por dónde corre el agua cuando llueve fuerte, dónde la hierba sigue verde más tiempo. Luego se da un primer paso: un seto en el lado más expuesto, una fila de albaricoqueros o ciruelos, un rincón que no se siega. Se observan temperaturas, insectos y cosechas, y se corrigen las decisiones año tras año.
En conclusión
Con este artículo he intentado escribir una guía lo más completa y precisa posible sobre cómo hacer y manejar una huerta en bancal elevado. Lo he hecho porque es una excelente manera de producir hortalizas con un impacto mínimo sobre el suelo y el medio ambiente: no se labra el suelo y no hacen falta ni gasóleo ni maquinaria de ningún tipo.
La huerta en bancal bioactivo es una herramienta potente: produce mucho en poco espacio, pide poco trabajo tras el arranque y mejora con los años en lugar de empobrecerse. Pero un bancal, solo, sigue expuesto a un clima cada vez más extremo. Integrado entre frutales elegidos con cuidado, protegido por setos de especies locales y rodeado de franjas de flores, pasa a formar parte de un sistema que trabaja para nosotros cada día.
El calentamiento global no lo pararemos solos. Pero podemos dejar de esperar a que se muevan otros y hacer algo a nuestra escala: un bancal bien construido, una fila de árboles, un seto bien elegido, una franja de flores. Son gestos concretos, al alcance de quien cultiva, para adaptarnos a lo que no conseguiremos evitar.
Mi esperanza es que nazcan cada vez más horticultores y cada vez más huertas familiares. Quien cultiva una huerta aprende a conocer el valor, y el precio justo, de lo que come. Y cuando hace la compra elige, para sí y para sus amigos, productos auténticos, ecológicos, locales y de temporada.

Finca Il mondo di Penny (Pistoia): Elena con sus hortalizas
Si quieres profundizar en el manejo del suelo, el compost y el diseño agroforestal, encontrarás estos temas en el curso online de horticultura ecológica y agroecología (en italiano) y en mi libro Orticoltura biologica da reddito (Terra Nuova). Y, por supuesto, en este sitio, que reúne años de estudio e investigación.
Preguntas frecuentes sobre la huerta en bancal elevado
¿Qué ancho debe tener un bancal para la huerta?
Como máximo 1,2 metros. Así se llega al centro desde los dos lados sin pisar el sustrato, que se mantiene esponjoso y poroso sin necesidad de labores. La longitud es libre.
¿El bancal debe tener fondo?
No. El bancal se apoya en el suelo y queda abierto por debajo, así las raíces bajan a las capas profundas y el agua sobrante drena. Por eso el lugar debe drenar bien y no encharcarse.
¿Se puede hacer la huerta bioactiva en una terraza?
El sistema descrito aquí está pensado para apoyarse en el suelo. En una terraza el fondo es obligatorio y cambian el drenaje, los pesos y el manejo del agua: es un caso distinto, que hay que diseñar aparte, comprobando también la carga que soporta el forjado.
¿El lapilli es indispensable?
No para cosechar: también se cultiva solo en compost. Pero el acolchado de lapilli y pómez es decisivo para mantener con el tiempo la estructura, el drenaje y la productividad, y ayuda a contener malas hierbas y babosas.
¿Cuánto compost hace falta cada año?
En mi experiencia, unos 2 centímetros de compost maduro una vez al año, distribuidos sobre el acolchado cuando el bancal está libre. Son unos 20 litros por metro cuadrado. La dosis se adapta a cultivos, rendimientos y calidad del compost.
¿Hay que cavar o airear el bancal?
No, nunca. Al final del ciclo se cortan las plantas en la base y se dejan las raíces en el sustrato. Son ellas, junto con lombrices y microorganismos, las que mantienen la estructura esponjosa.
¿Qué hortalizas crecen mejor en el bancal?
Las de raíz, como zanahorias, rábanos y remolachas, que en el sustrato esponjoso crecen rectas y regulares, y los cultivos de valor. Es la solución ideal cuando el suelo de partida es pesado o compacto.
¿Puedo producir yo el compost para el bancal?
Sí, y es la mejor solución para la reposición anual, que en un bancal de 15 metros requiere unos 360 litros. Para el primer relleno hacen falta volúmenes mucho mayores: conviene empezar a producirlo con un año de antelación, o comprarlo y hacer analizar una muestra.
Alessio Capezzuoli – agrónomo, diseño de fincas y agroecología