El abonado en la horticultura ecológica de renta es un tema de discusión continua entre agrónomos y agricultores. Como ya he dicho, tenemos que evolucionar y salir de la vieja mentalidad que calcula cuántos kg de nitrógeno absorbe el tomate en una superficie y cuánto hay que devolver al suelo. El mensaje que espero haberte transmitido si has llegado hasta aquí es que se trabaja sobre la fertilidad del suelo, y en particular sobre el nivel de materia orgánica, haciéndolo estable para que cualquier cultivo encuentre las condiciones óptimas para desarrollarse.

En muchos de los casos en los que nos toca trabajar, estos niveles de fertilidad están muy lejos de alcanzarse, y por eso hace falta usar bastantes abonos, junto con un buen manejo durante muchos años, antes de llegar a una situación en la que se pueda reducir drásticamente la cantidad aplicada hasta eliminarla. Hoy los abonos disponibles en el mercado son líquidos y sólidos, en polvo o en pellets. Los más usados en agricultura ecológica son los peletizados, por lo fácil que es distribuirlos a mano o con abonadoras. Respecto al estiércol, al compost o al vermicompost, suelen tener una mayor concentración de nutrientes. Cuando abonamos en ecológico, además de aportar unidades fertilizantes queremos aumentar la actividad microbiológica del suelo, y en esto los pellets son muy pobres. Aunque proceden de material orgánico vegetal o animal, para producirlos y conservarlos se secan hasta una humedad muy baja, lo que reduce drásticamente la presencia de microorganismos.

¿Cuándo usarlos?

Como dice un amigo agricultor, si queremos usarlos, siempre hay un motivo para hacerlo.  Una vez estudiado al detalle el análisis de suelo (ver el capítulo correspondiente) y hechas todas las consideraciones del caso, podemos empezar a plantear un plan de abonado. Si por ejemplo nuestro suelo es pobre en potasio y tiene un nivel moderado de fósforo, sé que tendré que comprar un producto con las concentraciones adecuadas. Si tenemos un suelo tendencialmente arcilloso, también podemos corregir con relativa facilidad estas carencias enriqueciendo el estiércol o el compost con productos naturales que contengan nutrientes concretos.    Asumamos desde ya que, en caso de carencias, deberíamos hacer análisis de suelo cada año durante los 5 años siguientes para ver cómo responde el suelo a nuestras decisiones. Recordemos por último que todos los abonos peletizados son, por naturaleza, de liberación lenta (es decir, liberan los elementos al cabo de varios días y durante algunas semanas): si notamos una carencia en un momento importante del cultivo, hay que pensar en una intervención rápida con abonos foliares o por fertirrigación. Con el tiempo, al conocer nuestra tierra, aprenderemos a prever estas carencias distribuyendo el peletizado dos semanas antes y buscando con otras técnicas resolver estos problemas de raíz. Cada planta tiene fases en las que necesita más determinados elementos; estos temas se tratan en las fichas técnicas de cada hortaliza.

¿Cómo se elige la fórmula? ¿Qué significan esas tres cifras destacadas?

En el mercado hay muchas fórmulas compuestas sobre todo por macroelementos y, en muchos casos, con microelementos añadidos; entre las más comunes están el 10-10-10, el 6-7-13 y el 9-4-4. Estas tres cifras se llaman «riqueza» o «título» e indican el porcentaje de macroelementos: en el 9-4-5 tendremos 9 kg de nitrógeno, 4 de fósforo y 5 de potasio por cada 100 kg de producto. La importancia de cada elemento para las plantas se ha tratado con bastante detalle en el capítulo sobre el análisis de suelo; a grandes rasgos podemos decir que el nitrógeno sirve para desarrollar toda la parte verde de la planta, el fósforo para la raíz y la floración y el potasio para la maduración de los frutos y su conservación.  Pongamos algunos ejemplos para entender mejor su uso. Supongamos, en los tres ejemplos siguientes, un suelo sin carencias de microelementos y con macroelementos (nitrógeno, fósforo y potasio) presentes de forma moderada pero equilibrada.

Ejemplo 1

Trasplante de tomates en campo abierto (finales de abril, principios de mayo).

En esta fase la planta necesitará más nitrógeno y fósforo; si intervenimos, debemos aplicar un abono 6-7-2 o 4-4-2. Si trabajamos en un suelo con pocos macroelementos, a corto plazo usaremos un 12-12-5.

Ejemplo 2

Parcela de tomates a mitad de producción (principios de julio).

Al ser una planta de crecimiento continuo, que produce varios ramilletes florales y una raíz en continuo desarrollo, optaremos por un producto equilibrado, es decir, un 10-10-10.

Ejemplo 3

Campo de calabazas a mediados de agosto, a unos 30 días de la cosecha.

La calabaza necesita mucho potasio, sobre todo en las últimas fases del ciclo, ya que el potasio interviene en el color naranja intenso, el sabor y el aroma.  Es preferible un abono con predominio de potasio, como un 4-4-8 o un 6-7-13.

Obviamente el manejo y la elección de las fórmulas son mucho más complejos, porque hay que valorar las reservas del suelo, si se ha hecho un aporte de estiércol, cuándo y con qué grado de maduración, la textura del suelo, el nivel de materia orgánica y la fase vegetativa de la planta, recordando que hay picos de absorción muy concretos.  Cuanto más grandes y complejas son las fincas, más complejo será también el manejo de la fertilidad y del plan de abonado. Una visión integrada de todas las técnicas que conocemos hoy debería llevarnos a hacer un buen plan de rotación que incluya uno o más abonos verdes específicos según las características del suelo, zonas dedicadas a producir vermicompost de calidad, el uso de asociaciones y un buen reparto entre los distintos cultivos según sus necesidades nutricionales y sus características.

¿Cuánto abono peletizado distribuir y dónde?

La cantidad varía, obviamente, según la situación de partida en la que trabajemos. Como unidad de medida usamos el famoso puñado, que equivale a unos 30 g de peletizado. Usaremos un abono de mayor riqueza si la carencia es mayor.  Un error que cometen muchos es al distribuir el producto. La distancia del tallo debe ser de al menos 10 cm, ya que las raíces que absorben son las finas, de color claro, que a menudo se extienden por toda la proyección de la copa.